LA ESPUMA DE LOS DÍAS: ESCISIÓN DEL YO Y CUERPO FANTASMÁTICO

LA ESPUMA DE LOS DÍAS

Sobre el texto de Boris Vian en versión y dirección de María Velasco

Reparto:

Miguel Ángel Altet
Fabián Augusto Bohórquez
Lola Jiménez
Natalie Pinot

Teatro Español
Sala Margarita Xirgú
DEL 21 DE NOVIEMBRE AL 22 DE DICIEMBRE DE 2019

La espuma de los días es una de las novelas más representativas de Boris Vian, polifacético, contestatario y emblemático autor francés que, perteneciente al colegio patafísico, presidiría en él la Subcomisión de las Soluciones Imaginarias. Novela de inspiración surrealista y con toques estrambóticos, grotescos y naïve, en su escritura se aprecia la continuidad con el universo distorsionado de Alfred Jarry. Vian construye un universo disparatado que fluctúa entre la imaginería desenfadada e irresponsable del hot jazz y los dibujos animados de Paul Terry, Tex Avery, Chuck Jones e incluso, el primer Disney. Sin embargo, el devenir narrativo de La espuma de los días va de la alegría despreocupada de lo chic a un final desgraciado propio de una novela existencialista deformada; una decadencia determinada por la perturbación que supone en ese mundo idílico la introducción de problemas tan del día a día como el de cómo sobrevivir en una penuria económica creciente y que produce metamorfosis no sólo en la situación de los personajes, sino además en los espacios deformados que se contraen y se pudren y en los cuerpos que parecen mutar a objetos cristalinos y frágiles. Los personajes de Vian pasan de ser arquetipos despreocupados a seres marcados por la fatalidad que sólo encuentran en la muerte un momento de alivio.

Pese a ello, por mucho que mistifiquemos, los que quieran encontrarse en esta obra de María Velasco una adaptación de la obra de la novela de Boris Vian van a tener que hilar muy fino. Sí que toma Velasco a las dos parejas protagonistas y nombra a sus personajes con los mismos nombres, así como enuncia más que desarrolla la esencia de la trama principal, la decadencia física y muerte de Chloé. Incorpora, de forma lateral, un personaje menor, el ratón que ve la caída de los dos enamorados y que al final sacrifica su vida dando fin a la novela; un ente que aquí está asociado al personaje de Chick, disfrazado al principio de Micky Mouse y que luego juega con ratas. Los personajes en relación a la novela están desdibujados, y lo que queda no está sujeto a una trama tan rigurosa. Encontramos restos de ésta: la amistad de los chicos, el inicio en la relación de las dos parejas, la boda de Colin y Chloé, la enfermedad de ella, el empobrecimiento de Colin, la muerte de Chloé y la descripción del indigno entierro que tiene ésta debido a la pobreza irremediable de Colin.

De alguna manera, cada uno de los cuatro personajes en escena es el portador de una temática, de una textura. Chick, lo marginal. Alise, la voz. Colin, la palabra. Chloé, el cuerpo. Cada uno de ellos es portador sobre todo de un discurso. Apenas existen relaciones entre ellos, y lo que se vive, el amor —si es que existe, cosa que se niega desde el texto—, incluso el sexo, se toma no como relación sino como tarea a realizar. La separación entre los cuatro personajes se vive como escisión. Lo que tenemos es una secuencia de discursos del yo, emitida a cuatro voces. Un yo escindido, desmembrado, que difícilmente va a llegar a un acuerdo, a lograr una unidad entre las partes. Esa disociación provoca la pulsión de muerte en este Espuma de los días, que lleva a una tragedia teñida por la decadencia. Al contrario que los personajes de Vian, que son personajes jóvenes y viven el agotamiento del agotamiento de la extenuación tan ligada a la juventud, los personajes de Velasco viven atraídos y subsumidos por la menopausia y la andropausia. La pausia, παῦσις, cesación, como fin de una facultad ya disfrutada, y tras la cual viene el sabor de la flacidez de los cuerpos y de la decadencia de los olores.

Tal vez se aprecie en esta obra de Velasco una mayor determinación en su lenguaje en relación con otras obras suyas, en las que al tratar lo heterogéneo, quizá se veían  afectadas por el freno de lo disperso. Aquí hay una mayor concreción a la hora de trabajar ese mosaico de elementos diferentes, y una mayor agudeza al apreciar de forma más sensible el detrito, el resto que se produce entre las partes separadas. La escisión provoca espacios de soledad cuyo intersticio está ocupado por esos restos que ya no se juegan como presente, que se aprecian como indicios desgajados de tiempo, espacios alterados por la suciedad: la escena vista como deshecho arqueológico.

La voz encuentra aquí una difícil pervivencia, la palabra una lucha imposible, lo marginal se expande como basura y el cuerpo sucumbe gloriosamente en la enfermedad. La línea del cuerpo, tan magníficamente encarnado por Lola Jiménez, avanza en una afirmación de la enfermedad, del cáncer que lo deshace hasta su desaparición de escena. Lo que queda entonces es la disgregación absoluta, la falta de sentido. El fantasma del cuerpo, desde el fuera de escena, al tiempo que baila expele espuma a la escena con la que atrae a Colin. Chloé dispara un cañón de esta sustancia que apenas mantiene la pureza de lo blanco para en seguida degenerar en lo sucio y en una montaña precaria y sin forma. Colin, asumiendo su degradación, se subsume en ella. Eso permite que el cuerpo, Chloé, regrese, ya convertido en puro gesto de un baile sin desarrollo, que como fantasma enseñorea la escena y une las actitudes de los otros yo en un único gesto: el de la imaginarización de lo que ya es ausencia.

Destacar el trabajo con el cuerpo de Lola Jiménez, que logra crear escenas con el movimiento que tienen tanto peso como los monólogos verbalizados, y crear un discurso con él que de alguna manera se convierte en la columna vertebral del texto escénico.

RAÚL HERNÁNDEZ GARRIDO


Érase una vez una visión arrebatada de la vida y la libertad. Un panegírico desesperado de la joie de vivre o alegría de vivir con un hombre triste, un robot de limpieza, un disfraz de Mickey Mouse, una  bailarina… y espuma.

Publicada poco después de la 2ª Guerra Mundial, La Espuma de los días (L’Écume des Jours), de Boris Vian, es una “desgarradora novela de amor”, firmada por un joven autor sentenciado a muerte por una cardiopatía y poseído por un desesperado vitalismo. 

¿Qué esperanza hay para los sentimientos románticos cuando la ciudad del amor es la segunda más cara del mundo? En esta apropiación contemporánea de la célebre novela La Espuma de los días, de Boris Vian, asistimos a la chispa del amor y su extinción bajo el signo de la crisis somática y económica. La enfermedad es un electroshock necesario para cuestionarnos algunos convencionalismos, soñar otros cielos.

Una  coproducción del Teatro Español y María Velasco  en colaboración con la Comunidad de Madrid
Martes 3  y domingo 15 de diciembre: función accesible con sobretitulado y audiodescripción.
* Encuentro con el público 5 diciembre
MASTER CLASS: DRAMATURGIA DE LAS RUINAS
3 DE DICIEMBRE DE 16:30 A 18:00

LA ESPUMA DE LOS DÍAS

Ficha artística

Texto / dirección:

Boris Vian / María Velasco 

Reparto:

Miguel Ángel Altet
Fabián Augusto Bohórquez
Lola Jiménez
Natalie Pinot

Ficha artística:

Coreografía                                       Lola Jiménez
Diseño de iluminación                Antoine Forgeron
Diseño de Espacio                        Marcos Carazo
Diseño de sonido y mezclas    Adolfo García.
Diseño de vestuario                    Daniel Voltta (con la colaboración de la compañía)
Audiovisuales                                 José Francisco Castro
Fotografía                                         Ilde Sandrin
Taxidermia artística                   Tamara Ablameiko
Ayudante de dirección             Joaquín Abella
Asistente de dirección             Peio Lekumberri
Producción Ejecutiva                Ana Carrera

Información general

Fecha

DEL 21 DE NOVIEMBRE AL 22 DE DICIEMBRE DE 2019

Horario

DE MARTES A SÁBADOS 20h30. DOMINGOS 19h30

Sala

TEATRO ESPAÑOL / SALA MARGARITA XIRGU

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