Los ejemplos de Fo

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Si la esencia del teatro reside en la praxis escénica o, si por el contrario, lo hace en los valores literarios es un conflicto que se alimenta diariamente desde trincheras cercanas a la tertulianía política pero en las antípodas del análisis. Si a este sarao se apuntan en los últimos años esos aprendices de políticos que se arremolinan en esa melé pueril que es Unidos Podemos, de bonito nombre, obtenemos un barullo anticuado en el que da bastante pereza participar.

Lo curioso del caso es que este conflicto inexistente siempre obvia los ejemplos más excelsos. Y un ejemplo, además de ser un modelo, es también una muestra a seguir, es decir: una acción que da ejemplo.

Y qué mejor ejemplo que el de Dario Fo, un actor de commedia dell’arte que acabó ganando el Premio Nobel de Literatura.

El ejemplo de Fo también ilustra el rescate de un género que, aunque no sea denostado directamente, hay que rescatar constantemente: la comedia. Quizás el género teatral que se practica en la actualidad de mayor pureza, ya que la tragedia es un género con muy pocos practicantes en este siglo.

Lo único que pasa es que escribir comedia es muy difícil.

El ejemplo de la Fundación Sánchez Aguilar de Guayaquil es digno de encomio. Construyeron hace pocos años el teatro que lleva su nombre y producen al año cinco espectáculos. Este ejemplo debiera ser estudiado en España, donde los portavoces del capital se escudan en la ausencia de una ley de mecenazgo para no invertir en artes escénicas si no es de una manera vergonzosamente publicitaria. Pues bien, en Ecuador tampoco existe una ley del tipo que se demanda en España pero el Teatro Sánchez Aguilar, a pesar de regirse por unas directrices económicas cuyas cuentas han presentar a la Fundación y a sus patrocinadores, se niega a programar cualquier tipo de espectáculo de simple entretenimiento.

Esto es dar ejemplo. Un ejemplo a seguir.

En el Teatro Sánchez Aguilar, con la dirección artística de Ramón López Barranco, acaba de estrenar un impresionante montaje de “Pareja abierta”, la obra que Dario Fo y Franca Rame estrenaron en los años 80, bajo la dirección del italiano Gianluca Barbadoni y la interpretación de Montse Serra y Álex Cisneros. Un gran montaje para una sala de casi mil butacas que llena el inmenso escenario sin perder la esencia de ser una obra íntima para dos actores. Sin perder el grado de intimidad en el que Rame y Fo sitúan el conflicto de la obra: la intimidad del matrimonio. Intimidad que un mal entendido progresismo quiere destruir por medio de un instrumento nuevo: la apertura de la pareja.

Gianluca Barbadoni sitúa este escenario en un ring de boxeo que acaba convertido en un saloncito de clase media. Pero este ring no es simplemente una imagen simbólica que ilustra el conflicto de la obra, sino el “espacio del matrimonio”. Barbadoni sabe entender el mensaje que transmite el discurrir de la obra y que no es otro que el espacio del conflicto es el matrimonio en sí, y que todo matrimonio es un espacio de lucha de sexos y que destruir el conflicto en sí, es destruir el matrimonio.

“Pareja abierta” es también una ejemplo de comedia: la muestra de lo que hace reír, algo que muy pocos autores reconocen que son incapaces de hacer y que disfrazan con el mecanismo de la “denuncia” o la “crítica”.  Si en una obra, el autor critica algún aspecto de la sociedad acentuando sus características ridículas, no hará reír al público, (si acaso arrancará alguna que otra sonrisa complaciente entre los que piensan lo mismo que él). Pero el objetivo de la comedia es la convulsión de la risa, (algo parecido a la catarsis de la tragedia) hacer reír a todo el mundo, inclusive, y sobre todo, a los que sostienen y creen válidos los objetos criticados. Así pues, el objetivo de la comedia es que el público pueda explotar en la risa. Y el mejor mecanismo es que el público se ría del propio autor o, en su defecto, del protagonista. Es decir, del personaje con el que se identifica el público. De este modo, para que haya comedia, es necesario que el autor se ría de sí mismo para que el actor se ría de su propio personaje ridiculizándose él mismo como actor y así el público se ría también del propio público.

Sencillo, ¿verdad?

Entonces, “Pareja abierta”, una obra de denuncia escrita por dos activistas de izquierda es, porque es una buena comedia, una obra que se ríe, por encima de todas las cosas, de la propia izquierda.

Una izquierda que, situada como imagen en el espejismo de la libertad, propone, a partir de mayo del 68, las relaciones abiertas en la pareja anclando al individuo en la economía del deseo narcisista alimentándolo con el puro egoísmo, algo que más de 30 años después del estreno de la obra ha dado la razón a Rame y a Fo con los ejemplos morales del siglo XXI ejemplificados en las páginas de contactos de internet donde este tipo de relaciones son practicadas por individuos de ideología conservadora. La izquierda que critica “Pareja abierta” es la que, al sentirse amparada por seguir la ideología más justa, se siente libre de no frecuentar ni sostener conductas morales para construir, al estilo de los libertinos del XVIII, la farsa de una “libertad moral” que sólo encierra, en los casos más profundos, el fondo de la perversidad.

Así pues, “Pareja abierta”, además de ser un ejemplo de comedia, es también un paradigma de una verdadera moral de la izquierda que reconoce el espacio del matrimonio y que sus filas no están inmaculadas siendo también escondrijo de machistas y de individuos que practican las más bajas perversiones y los egoísmos más holgazanes. Pero “Pareja abierta” es también un ejemplo de verdadera literatura dramática pues no sólo tiene mérito componer excelentes diálogos, sino que estos diálogos sean verosímiles con la construcción del personaje y sean objetos válidos para la oreja del espectador. ¡Qué mejor ejemplo de literatura teatral que la escena en la que la flatulencia del personaje masculino habla en lugar de su propia lengua! El cuerpo de este personaje es el que habla cuando se entera de que su mujer, siguiendo sus propios consejos, ha conseguido un amante. Esos pedos son también literatura. Son palabra escénica. Y la verdadera palabra escénica ha de ser portada y sostenida por unos profesionales siempre relegados como son los actores. Montse Serra y Álex Cisneros son también ejemplos de cómo poner su técnica al servicio de los personajes: esos artefactos que sostienen el andamiaje de una obra de teatro.

Hasta el 6 de agosto, quien quiera ser testigo de estos múltiples ejemplos, puede acercarse por el Teatro Sánchez Aguilar de Guayaquil y copiarlos.

Hacer las cosas bien es muy fácil, sólo hay que localizar buenos ejemplos y copiarlos lo mejor que se pueda.

 

Luis Miguel González Cruz

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