ECOS DE LOS CLAUSTROS. DRAMATURGIA DE VOCES RECUPERADAS:

ECOS DE LOS CLAUSTROS

Jueves 27 de julio. 17 horas. Capilla de la Fundación Antonio Pérez de Cuenca.

Sábado 29 de julio. 21 horas. CDR de Mira (Cuenca).

Obra colectiva dirigida por Adolfo Simón, con dramaturgia suya y de Raúl Hernández Garrido, interpretada por Lorena Baquerizo Gellibert, JJ Epperson, Mendy Lopez, Coralys Miranda-Reyes, Jenny Wagner, Jackeline Yagual Flores, con coordinación de David Hitchcock y producción del Centro Dramático Rural y la University of Southern Indiana, sobre textos de Sor Marcela de Félix, Sor Francisca de Santa Teresa, Sor Cecilia de Nacimiento, Sor Maria de San Alberto, Sor María de Ceo, Sor Violante de Ceo y Juana Teresa de Souza según las investigaciones de Anna-Lisa Halling.

Durante el mes de Julio tiene lugar en el Centro Dramático Rural de Mira, Nación de Cuenca, la experiencia vital y escénica de ECOS DE LOS CLAUSTROS. Parte de la recuperación de los textos de mujeres del siglo XVIII que desde dentro de los monasterios decidieron llevar una vida intelectual activa y dedicarse a la escritura teatral e incluso a montar intramuros obras de teatro cuyos papeles eran representados por las mismas monjas.
Seis estudiantes estadounidenses de la University of Southern Indiana se han enclaustrado en el Centro Dramático Rural de Mira durante todo este mes de julio para vivir una experiencia que dará lugar a un hecho escénico que dé voz a esas valientes mujeres que en la oscuridad de nuestro Siglo de Oro se atrevieron a crear un discurso propio y especialmente feminista.

https://www.facebook.com/pg/raulhgarrido/photos/?tab=album&album_id=10154496941597101

 

Ecos entre corredores,

palabras entre hermanas…

por Raúl Hernández Garrido, dramaturgo y escritor

El convento, algo que hoy en día es tan extraño y remoto, algo que nos suena a tan antiguo, tan retrógrado, fue una institución de completa vigencia hasta hace un siglo y que tuvo especial auge en los siglos que comprenden el esplendor político de España y su declive que coincidió con el Siglo de Oro. Muchas mujeres acababan en un convento ordenadas como monjas, unidas en bodas con el ser más perfecto, con el hombre que ya no era hombre sino Dios y aisladas del exterior del mundo. En algún caso, regiría en ese retiro la represión, la imposibilidad por parte de la sociedad de asumir una mujer más y controlar así esas hijas no deseadas, apartándolas de en medio… Pero no debemos siempre prejuzgar a las que eligieron sus votos en aquella época (ni siquiera, en la nuestra).

Muchas de ellas, quizá excluidas por la sociedad para las que eran una lacra, elegían la vida en el convento como rebelión contra la realidad, reafirmándose en ese otro mundo, el del claustro, con auténtica dedicación y en el otro mundo, el trascendente, con completa vocación y devoción. Acudían al convento como novias entregadas en Sagradas Bodas porque no había destino mejor para una mujer que entregarse a la unión con lo más alto.

Ser monja puede ser visto hoy en día como un sin sentido… Pero en aquella época, era la única forma posible de vivir al margen de una sociedad en la que no concebía para la mujer, salvo en contadas excepciones, otro destino que la subordinación al hombre, ya sea en la familia, en el matrimonio o en el burdel.

Como decía Santa Teresa, la vocación suponía no supeditarse a ningún hombre. Su destino apuntaba más alto, al mismo vórtice de la creación, y en cuanto a ello, la mujer se rebelaba contra el hombre, porque se entregaba y se unía al todo. Casadas todas bajo las mismas nupcias, convertidas en hermanas, las mujeres en los conventos, aisladas del exterior, se encontraban entre sí. Mujer con mujer, en una sociedad diferente, que aunque viviera con la rígida observancia de las normas de la Orden, no dejaba de crear un espacio en común para lo femenino. Un encuentro de hermandad entre mujeres, esa palabra tantas veces oída y tan desestimada, y un espacio en que las  mujeres elegían nuevo nombre, siempre antecedido por el apelativo de Sor, hermana. La sororidad, aspecto de la femineidad y de la reflexión feminista de hoy en día, se vivía entre los muros del convento, en el silencio y en el encuentro con el trabajo y la oración.

De forma insólita, en la España y Portugal del Siglo de Oro El teatro empezó a formar parte de esta forma de encuentro entre mujeres. Un teatro de devoción, un teatro sagrado, pero un acto en el que la carga de transgresión era evidente, al tiempo que se insistían en contenidos didácticos, ejemplares y alegóricos. El juego del teatro restituía a las monjas el contacto con eso que se excluía en las Normas: el cuerpo. Y una comunión entre las hermanas al margen de la ortodoxia de la misa y la comunión. Toda una celebración de la femineidad en la que lo masculino, cuando aparecía, era interpretado y recreado bajo ojos de mujer.

A ese encuentro ahora se le suma otro encuentro. El de otras mujeres que vienen de un país que no existía aún cuando las monjas vivieron. Mujeres de hoy y jóvenes como lo eran aquellas que tomaban votos en plena adolescencia. Provenientes de un país en el que se da el melting pot, la mezcla de etnias, lenguajes, culturas y naciones de origen muy diferentes. Ellas, chicas del presente se van a encontrar con ellas, mujeres de la historia, en un cruce fascinante, en un viaje que recorre espacio para combinar tiempos diferentes y en la que se encuentran, entre ellas y con aquellas otras del pasado, como nuevas hermanas. Un viaje hacia la sororidad, al encuentro con lo femenino, en el que figurará en el texto ese encuentro with their own words, con sus propias palabras, acentos e idiomas, componiendo un texto plurilingüe en lo que será un espacio de encuentro con esos ecos que aún resuenan en los claustros.

 

Mujeres invisibles…

Mujeres trasgresoras

por Adolfo Simón, dramaturgo y director

 

En la época de Shakespeare las mujeres no podían interpretar personajes en los escenarios, eran los hombres los que tenían que llevar a cabo los roles femeninos. En ese tiempo las mujeres estaban en la trastienda de la sociedad…¿Siguen ahí hoy?… Casi al tiempo, en nuestro país, en ese esplendido Siglo de Oro que tuvimos, los autores escribían grandes obras en castellano…Pocas autoras de aquel tiempo han tenido eco hasta hoy, no solo se las invisibilizaba en la escena, también en el gabinete de trabajo, delante de la pluma y el pergamino. Autoras las hubo, claro, pero tuvieron que firmar muchas veces con seudónimo masculino o ceder su obra a los maridos que a día de hoy siguen figurando como autores de esas obras.

Algo particular que ocurrió en nuestro país en ese tiempo fue que, en los conventos, las monjas escribían breves textos para sus celebraciones privadas, obras que tal vez no tenían el vuelo que las escritas por los autores a la luz de la sociedad pero que si suponen hoy documentos excepcionales que nos hablan de una forma de vida y de entender el ocio en un lugar como el interior de un convento en aquel tiempo. Además, hay algo que entronca con el juego de roles con lo que ocurría en la escena shakesperiana solo que aquí, el juego de travestismo era al revés, las monjas, al no habitar hombres en el convento, tenían que representar y evocar los personajes masculinos de sus obras, algo que conecta de manera muy curiosa con nuestra sociedad actual en la que se trata de indagar y flexibilizar sobre donde está el límite entre lo femenino y lo masculino como comportamiento social y como identidad. Estas corrientes de indagación hoy, debieron ser, en aquel tiempo, de gran trasgresión para una comunidad que vivía alejada de la sociedad y sus reglas a su pesar.

Desde mi experiencia como docente y director de escena de propuestas no convencionales, me interesa abordar este proyecto por lo sugerente de los elementos en juego…Un colectivo de mujeres universitarias americanas que van a vivir una estancia creativa en un espacio como el Centro Dramático Rural para ampliar su formación humana y escénica a partir del teatro popular español, indagando en unas autoras que escriben en la penumbra del siglo de las luces y que, en esos juegos fuera de la escena, en las celdas del convento, llevaban a cabo rituales a través de los cuales enriquecían su personalidad y rompían la rutina diaria de la oración.

Y sobre todo me interesa descubrir qué puede ocurrir con este colectivo de mujeres hoy, al enfrentarse a esa vida enclaustrada que vivieron aquellas monjas que, aunque excluidas de la sociedad, eran capaces de jugar, crear y dar luz a la oscuridad de un tiempo que tal vez no es tan diferente al que vivimos hoy.

Ese será mi punto de partida en el trabajo a desarrollar durante el proceso de creación…¿Qué eco tienen aquellas mujeres de entonces con las de hoy?… ¿Hay más visibilidad o posibilidad de tener un espacio bajo el foco de la sociedad si se elige ser lo que se desea y expresando lo que se siente consiguiendo que entre la luz a través de muros infranqueables?…

Preguntas motor para que hagamos un viaje hasta la penumbra de aquel tiempo para iluminar nuestros días, algo que solo el teatro puede conseguir.

 

 

El teatro conventual en España y Portugal

por Anna-Lisa Halling, investigadora y dramaturga

 

Durante la época pre-moderna en España y Portugal, los conventos ocupaban cada rincón de la península Ibérica. Estos lugares y sus comunidades formaban una parte íntegra de la sociedad  de los dos países. Aunque muchas mujeres sentían un deseo sincero de vivir una vida espiritual, lejos del mundo y su influencia, otras llegaron a habitar estos lugares a la fuerza, debido a la falta de dote, la desobediencia o la pérdida de la honra. Aunque muchos conventos y sus registros se han desparecido a través de los años, todavía existen evidencias de una rica vida artística e intelectual que florecía entremuros. Sabemos que las monjas pintaban, tejían, bordaban, cocinaban, cantaban y escribían. Sus textos incluían poesía, novelas, cuentos, cartas, recetas, alegorías, manuales, tratados y vidas.

El escribir y montar obras de teatro era una parte integral de esta producción literaria y creativa. Las religiosas escribían tales obras para ocasiones o celebraciones especiales, tales como la navidad o la profesión de una nueva monja. Desarrollaban varios géneros de teatro: coloquios espirituales, villancicos, entremeses, loas, fiestas y fiestecillas para entretener y educar a las monjas. Este tipo de drama incluye personajes históricos, religiosos y alegóricos, como Alma, Pastor y Rosa. Aunque parecen bastante ortodoxas, estas obras eran, de cierta manera, también subversivas en su afirmación de la mujer religiosa y su rechazo de la intervención masculina en la vida y jornada religiosa de estas mujeres. Además, las monjas participaban en actividades que habrían sido prohibidas o arriesgadas para ellas fuera del convento, como personificar papeles masculinos y divinos. Ellas montaban sus dramas dentro del convento, normalmente en la sala de recreo o el jardín, y ocupaban todos los roles del teatro – dramaturga, actriz, escenógrafa, figurinista y miembro del público. Estas obras servían para instruir y divertir. Eran profundamente metateatrales y cómicas a la vez de ser subversivas y liberadoras, aunque no se alejaban demasiado de la doctrina católica de la época.

Quizás lo más importante de estas obras es que nos dejan escuchar la voz de la mujer religiosa de la época. Aunque vivían enclaustradas, estas mujeres utilizaron su literatura para comunicarse con el mundo extramuros al participar en (y ganar) certámenes, dedicar sus obras a otras monjas o miembros de la nobleza y dialogar con figuras importantes de la época. Las principales dramaturgas conventuales de la época eran de Madrid (Sor Marcela de San Félix [1605-1687] y Sor Francisca de Santa Teresa [1654-1709]), Valladolid (Sor María de San Alberto [1568-1640] y Sor Cecilia del Nacimiento [1570-1646]) y Lisboa (Sóror Violante do Céu [1601?-1693] y Sóror Maria do Céu [1658-1753]).

 

Voces de hermanas


Convento de San Ildefonso, Madrid

Sor Marcela de San Félix

Marcela del Carpio (Toledo, 1605 – Madrid, 1687), hija de Lope de Vega y de Micaela de Luján, la Luscinda de las obras de Lope. Hija favorita del dramaturgo, Ingresó con 16 años en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid bajo el nombre de sor Marcela de San Félix.

Sor Marcela desempeñó sus trabajos como monja, llegando a ser por tres veces madre superiora, sin dejar de escribir, siguiendo los pasos de su padre.

Al final de su vida quemó gran parte de su obra, entre ella, una autobiografía espiritual. Lo que ha quedado son veintidós romances, dos seguidillas, un villancico, una décima, una endecha, ocho loas, una lira y seis obras teatrales denominadas Coloquios espirituales.

 

Sor Francisca de Santa Teresa

Manuela Francisca Escarate (Madrid, 1654 – Madrid, 1709) ingresó en el convento de las Trinitarias tomando el nombre de Sor Francisca De Santa Teresa. Coincide allí por 15 años con Sor Marcela de San Félix de quien será heredera literaria.

Escribió siete coloquios, un entremés, una loa y un sainetillo. Sus temáticas hablan del acto de profesión de monjas, muchas ellas compañeras de Sor Francisca, y del nacimiento de Cristo, abundando en figuras alegóricas. Vivió en el convento hasta su muerte, el 4 de abril de 1673, y sus obras fueron ordenadas recopilar por el convento en un sólo volumen de forma manuscrita.

 

Monasterio de Roza, Lisboa

Juana Teodora de Souza

Residente en el monasterio de Roza, sin que se pueda certificar si era monja o mñas bien una dama recogida dentro del claustro, de ella apenas hay datos y se conserva una única obra, El gran prodigio de España y lealtad de un amigo, escrita en español. Su protagonista es San Pedro González, patrón de los marineros, aunque su historia se entremezcla con otras en las dominan los amores cruzados, los elementos  sobrenaturales y las alegorías. Esta obra se conserva en único ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid, en el que se lee que fue dado a imprimir por la Madre Ángela de la Luz, religiosa del Monasterio da Roza.

 

Convento de la Concepción del Carmen, Valladolid

Cecilia Sobrino de Morillas

Cecilia Sobrino de Morillas (Valladolid, 1570-1646) tomó los hábitos con el nombre de Sor Cecilia del Nacimiento con 17 años. Mujer de una amplia educación y cultura, fue poetisa destacada inscrita en la tradición del misticismo español. Su obra monástica le llevó a ser nombrada como Superiora, Priora, Maestra de novicias, Tornera, Tercera  y Sacristana. Abordó la prosa con tratados como el titulado Tratado de la unión del alma con Dios, en que relata sus experiencias místicas. Escribió también teatro, aunque sólo se conserva de su producción Fiestecilla para una profesión religiosa, un coloquio pastoril alegórico que sigue muy de cerca, de forma dramatizada, el “Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz. Se encuentra de forma manuscrita en el Monasterio de la Concepción.

 

María Sobrino de Morillas

María Sobrino de Morillas (Valladolid 1568-1640) era hermana mayor de la anterior, y tomó el nombre religioso de Sor María de San Alberto. Dotada como su hermana de una gran educación y cultura, poseía dotes para la pintura y escribió poesía mística y tratados religiosos. Pese a su salud delicada, que la exponía a fuertes dolores, fue primero Maestra de novicias, Superiora en dos ocasiones (1600 y 1626) y Priora en otras dos etapas de su dilatada vida monacal (1604 y 1629). Sor María se encargó de componer numerosas piezas teatrales que, con las monjas como intérpretes y con su dirección, servían para solemnizar festividades, especialmente el Nacimiento de Cristo. En compañía de su hermana, Sor María de San Alberto fue pionera en el teatro femenino de claustro. Sólo se conservan de forma manuscrita tres de estas piezas dramáticas, centradas en la Navidad: Fiesta del Nacimiento, Festecica de Navidad y Fiesta del Nacimiento con cuatro virtudes: paz, justicia, verdad y misericordia. En sus márgenes hay anotaciones de la misma Sor María en la que podemos reconstruir la forma en que se llevaban a escena estas representaciones teatrales.

 

Convento da Nossa Senhora da Rosa, Lisboa

Violante do Céu

Violante Montesino (Lisboa, 30 de mayo de 1601 o 1607 – enero de 1693) tomó los hábitos con el nombre de Sóror Violante do Céu en el Convento de Nossa Senhora da Rosa, Lisboa, de la Ordem dos Pregadores, en donde fallecería.

La calidad de su poesía le valió el reconocimiento como Décima Musa y Fénix de los Ingenios Lusitanos. Compuso una comedia para ser representada durante la visita de Felipe II a Lisboa.

 

Mosteiro da Esperança, Lisboa

Maria do Ceo

Maria do Ceo (Lisboa, Septiembre, 1658 – Mayo, 1753). se ordenó como Sor Maria do Ceo del cielo, y también se la conoce como Marina Clemencia y Maria del Cielo. De familia noble, entró en el convento para poder desarrollar sus estudios con mayor libertad. En el convento llegó a ser Portera, Maestra de novicias, y por dos veces Priora.

Su obra contiene composiciones religiosas y seculares tanto en prosa como en poesía. En 1681 escribió su primera novela alegórica, Escarmentos de flores, a la que le siguió en 1690 A preciosa, escrita en prosa y en verso, en la que se incluyen diálogos místicos. Su popularidad era tal que en 1740 se publicó en Madrid dos volúmenes con sus obras. Triunfo do Rosario, dividido en 5 actos, completa su producción dramática.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s