ABConserva Memoria. La memoria de los objetos.

Cartel-ABConserva-memoria

 

ABConserva Memoria. La memoria de los objetos.

Festival Surge: 5, 6 y 7 de mayo a las 21 h.

Sala Azarte. Madrid

Autor y director: Adolfo Simón

Asistente a la dirección artística: África Anamú

Intérpretes: Adolfo Simón y Luis García Grande

Diseño de iluminación: Luis Castilla

Diseño de escenografía: Rubén Cano

Diseño de vestuario: Blas Nusier

Diseño de atrezzo: Luis Castilla

Creación audiovisual: Patricia Jorge

Espacio sonoro: Mario Bastián

Fotografía: Patricia Jorge

Diseño gráfico: Pablo Roig

Árbol instalación: Paloma Martín

SOBRE LA MEMORIA DE LAS COSAS

Dentro del marasmo inútil del Festival Surge, se pueden encontrar, si uno escarba a conciencia con muchas propuestas realmente interesantes, como ABConserva Memoria. Esta pieza de teatro de objetos es algo más que una obra pensada para utensilios inanimados, sino que es una obra que hace reflexionar sobre la memoria de las cosas.

Como un componente más de la serie que Adolfo Simón viene desarrollando como propuestas plástico-escénicas bajo el epígrafe de libros de artista, ABConserva Memoria da un paso más allá y, ante la cercanía que el público necesita para observar este teatro del microscopio, propone reflexionar sobre la memoria, pero no la memoria del espectador, sino la memoria de las cosas.

Una experiencia sensorial en la que el espectador se vacía de prejuicios y depone el deseo de crear juicios de valor para pasar a entregarse a una especie de transferencia de pensamiento. El espectador deja de pensar, sólo mira esos pequeños objetos como si fuera por un microscopio y comienza a dejar que los objetos piensen por él.

La catarsis que experimenta el espectador, es comprobada cuando, al terminar la obra  como si despertara de un sueño, recobra su pensamiento y memoria para confirmar que él no ha pensado nada acerca de la obra, sino que han sido los propios objetos los que han pensado, en cuyo pensamiento, el espectador se ha introducido.

SURGE - ADOLFO SIMON DANTE AC- FOTO EVA VIERA

Adolfo Simón ha partido para esta creación del trabajo que Carmen Calvo realiza sobre la memoria, pero no sólo es la memoria que el espectador retiene de los objetos, cuya potencialidad será menor en cuanto que los objetos no son de su propiedad, sino que esos objetos han sido abandonados por sus propietarios. Adolfo Simón ha recopilado, como una de las actividades del Centro Dramático Rural de Mira (Cuenca), esos objetos y ha compuesto esta obra sobre la memoria, pero la memoria también de los objetos, que cobran vida bajo la luz de los pequeños focos que el manipulador lleva en sus dedos para recordar quién son, para qué fueron construido y la vida que tuvieron.

Estos libros, al abrirse en escena, muestran un abigarrado mundo de objetos que tienen el denominador común de haber sido desechados, abandonados por su inutilidad y falta de necesidad. No es que sean objetos rotos o estropeados, sino objetos cuya utilidad ha muerto. No es que no sean útiles aún, sino que su propietario ya no necesita de esa utilidad antigua. Pero en estos libros que se abren como pequeños teatros de juguete, reviven y admiten su identidad al paso de una gran araña de alambre que acaba aplastada por el peso de dichos libros.

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Objetos de todo tipo son transformados en ABConserva Memoria en obras de arte al ser manipuladas por el creador. Pero no por ello olvidan su origen y su identidad. Pequeños penes toman una nueva posición entre flores, cd’s, libros y múltiples objetos cuya utilidad en una existencia pasada sorprenden al espectador por realmente inservibles hoy en día, pero cuya necesidad, en otra época, era indiscutible, como los minúsculos frascos de esencias o la dentadura mecánica que se mueve a cuerda y con la que termina la obra.

ABConserva Memoria es una experiencia sensorial cuyo trayecto se sitúa inequívocamente en una esfera narrativa atravesada por la textura de una propuesta plástica en un feliz cruce de caminos.

Luis Miguel González Cruz

EL GRAN TEATRO DE LO MINÚSCULO.

Con ABConserva Adolfo Simón y sus colaboradores nos presentan una nueva propuesta basada en lo mínimo, en la cercanía, en el objeto encontrado.
Antes que ésta, Ana Karenina y Books. Pero antes, y aquí me implico yo, una obra que partía de un texto y una actriz y en la que tuve el honor de colaborar: Segunda Estrella. Incluyo Segunda Estrella para trazar la evolución de este gran ciclo que aunque ha tenido una difusión limitada representa lo más interesante que se ha podido ver en el teatro español en la última década.

Segunda Estrella partía de un texto encontrado, de fragmentos de una obra no escrita, y de la presencia de una actriz parapetada tras una mesa plegable. Unas naranjas, unos pequeños árboles de alambre, pero también las manos de la actriz, sus uñas, su voz, sus piernas, incluso, la apertura insinuada de su sexo y por supuesto, su boca y sus objetos eran objetos en un muestrario en el que lo narrativo daba pie a un juego de asociaciones no racionales pero muy coherente.
A ésta le siguió Ana Karenina. Un libro encontrado, recortado por su anónimo primer dueño, un montón de sal que se convertía en un campo nevado, pequeños objetos, que iban de lo más ligado a la obra de Tolstoi a la extrañeza de figurillas encontradas, como la figura de un autómata, una proyección y una música sinfónica creaban de esta pequeña pieza una gran sinfonía, en la que desaparece el texto en cuanto a verbalización y aparece la figura del manipulador.

Books, que ya reseñé en un artículo anterior, supuso toda una ventura en esta experiencia. El texto era aquí texto escrito, y sobre todo, texto encontrado en esa colección de libros preparados, de libros que ya no soportan una historia sino que la crean o son parte de ella. Que se abren con pequeños objetos desechados en su interior o muestran el recorte feroz de sus páginas que, ante la mirada nunca más inocente de una minúscula muñeca desnuda, se convertían en elementos de un paisaje fantástico, a veces atrayente, otras aterrador, pero ante la cual la pequeña muñeca, sin importarle el desafío que podía acabar de forma fatídica, se entregaba. Books era un viaje a un universo onírico y su final obligado (todo lo que empieza ha de acabar) nos situaba al borde de lo indiscernible de esa tenue frontera que ya no separa el sueño de la realidad.
Ahora, ABConserva nos aporta nuevas dimensiones. Tenemos al manipulador, tenemos cajas que abren nuevas cajas. Una de ellas, en la que vemos una mosca aplastada nos trae una llave. Esa llave abre otra caja, en la que nos reencontramos con nuestro personaje observador. Pero esta vez no es ningún ser antropomórfico, sino una araña. Una araña cuyo cuerpo es una piedra preciosa, cuyas patas son de alambre, pero que se cree viva y no advierte que ella es por una parte objeto manipulado, y por otra, un ser monstruoso.
La primera caja indica ABCD en su lateral. Vamos a vivir una iteración en la cual los objetos nos muestran un mundo donde el ser humano ha dejado de existir, donde sólo queda su desecho, ensamblado en máquinas sin sentido, en conservas de memoria de seres que ya no existen, ni existe nadie para recibir ese pasado encerrado o ensamblado. Junto a esos pequeños objetos, joyas de lo pequeño y de lo inútil (la referencia de Carmen Calvo y de Marcel Brrodthaers de es naturalmente definitoria en esta obra, quizá también otras como las de Picabia, la de Duchamp con su Le Grand Verre y La Caja Verde, así como quizá la aspiración de la evolución de este ciclo a la última gran obra de Duchamp, Étant Donnés), figuras de artrópodos que como en una ficción de Serie B (y pienso, claro, en Robert A. Heinlein o en Karel Čapec) llenan ese universo abandonado. Las maletas se abren, se muestran gracias al maestro de ceremonias, esta vez más deshumanizado que nunca, convertido en un ciborg, en un ser cuyos dedos se mecanizan para convertirse en linternas. Y una vez mostradas, se pasan al espacio primigeniamente vacío. El tiempo se anula. No es el del transcurrir ni el de la existencia, sino solo el de una inexorable enumeración. El pequeño, precioso, lujoso monstruo, sucumbe literalmente atropellado por el paso de la caja, y su cuerpo muerto (su cuerpo sin animación, la muerte la marca el manipulador, ya que la vida no existe en el cuerpo, pese a que el espectáculo le haya concedido ese don) deja de ver las últimas cajas. Unas cajas en las que ya sólo cabe una mirada vacía e inánime, una mirada que ya no podrá recomponer el misterio de esos recuerdos en conserva, inundados por insectos artificiales. Lo humano vive en el miedo a lo largo de este precioso y preciso montaje, pero no por ello, alarmante, que nos deja a los espectadores absolutamente solos en nuestra soledad, en nuestra perecidad y en esa historia universal del fin de nuestros recuerdos.
Espero que estos trabajos lleguen a tener la difusión y el apoyo que se merecen, estos trabajos fascinantes dentro del gran aburrimiento del teatro emergente y tan antiguo que estamos viviendo…
Y espero el próximo trabajo de Adolfo Simón y su grupo.
Ah, un apunte final. Estos trabajos crean una subjetividad absoluta en el espectador. Atreveos cada uno de vosotros a contar o disfrutar o sentir vuestro propio espectáculo.

RAÚL HERNÁNDEZ GARRIDO

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Un comentario en “ABConserva Memoria. La memoria de los objetos.

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