LA PUERTA BLINDADA de RUTH VILAR / Compañía Cos de Lletra

LA PUERTA BLINDADA

de Compañía Cos de Lletra

 

 

Copia de _DSC0968.JPGEscrita y dirigida por Ruth Vilar

Interpretada por Salva Artesero y Alicia González Laá

Música original: Manuel Sanchez Riera

Teatro Lagrada (Madrid)

Del 24 al 27 de noviembre

(4 únicas funciones)

Venta de entradas aquí o reserva telefónica: 91 517 96 98

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS

Con la presencia de La puerta blindada en el Teatro Lagrada se dan muchos felices acontecimientos. Por una parte, el estreno de una puesta en escena detallista y precisa, sensible y cuidada, con interpretaciones tan sobresalientes como ajustadas. Algo muy extraño, considerar que la obra se estrenó este viernes y que parece que ya tuviera rodada por funciones y funciones, dado su gran nivel de ajuste actoral.

Por otra, la presentación en Madrid, tras alguna lectura dramatizada, de la compañía Cos de Letra y de la escritura sugerente y a un mismo tiempo arriesgada de Ruth Vilar.

Y además, con esta puesta en escena se inaugura un pequeño festival que presenta en sociedad a El colectivo del texto, un grupo de escritores “plurinacionales”, es decir, que ignoran las fronteras con las que algunos nos quieren sitiar, que aúnan esfuerzos en la difusión del texto teatral. Una andadura en la que destaca el valor individual de cada uno de sus componentes, pero cuyos frutos y objetivos aún están por ser probados.

La puerta blindada es una obra sobre los libros y los sentimientos, sobre el conflicto entre la obediencia debida a una orden institucional y lo que nos dicta la conciencia individual. Sus protagonistas son un matrimonio. Él, bibliotecario. Ella, superviviente, intenta con lo poco que tiene mantener a ambos en vida. Un interior cerrado: una biblioteca clausurado. Afuera, un mundo en el que el desorden avanza al mismo tiempo que la tiranía se encarga de clausurar todo espacio público. El objetivo del poder, anular lo individual y al mismo tiempo coartar la posibilidad de que las personas, libres, decidan y se unan, de que expresen juntas su voluntad. La obra es actual y no cae en populismos. Todo lo contrario, acude una y otra vez a la reflexión, pese a su aparente delicadeza, pese a su aire lírico. No, es una obra dura, y la obsesión del bibliotecario por acatar una orden imposible (una orden que ni siquiera especifica sus objetivos) acaba no sólo acabando en el encierro y la locura, sino contaminando a la mujer, al ser sensato que vive al realidad, que busca comida, que finge un embarazo para poder conseguir algo con lo que sobrevivir, y que acaba con la mirada perdida. A punto de perderse entre el encierro que acaba convirtiendo a los libros en papel mojado, el embarazo que no son sino trapos viejos y la presión de una sociedad en desintegración.

La clave, la clau, la llave, que debe abrir o cerrar la biblioteca, está en los libros, pero no como volúmenes, como objetos a almacenar y a embargar, sino en las palabras que se convierten en teatro, en diálogo, en intercambio y relación. Los libros no sirven de nada si no se leen. Ni los embarazos si de ellos no sale la vida. Y así, el bibliotecario se da cuenta de su error y rompe su obediencia ciega a una sentencia impuesta y no firmada, a una palabra que no es soportada por ningún nombre, solo por el peso de la autoridad y que demuestra tanto su arrogancia como su arbitrariedad.

Compararía la apuesta de La puerta abierta con otra obra de autor – director, no digo el nombre, que trata sobre el encuentro en el campeonato mundial de ajedrez entre Fischer y Karpov. Tratando una temática parecida, ahí se desplazaba la nada, el significante vacío, de un lado a otro. El espectáculo histriónico ocultaba la ausencia de sentido. Los actores hacían el payaso porque el texto no buscaba nada. Todo lo contrario que en La puerta blindada.

Un último apunte. Al final de La puerta blindada los personajes liberan libros, afirman sus sentimientos, su personalidad y libertad, ratifican su hijo y se enfrentan a la autoridad, una voz hueca que ordena sin más legalidad y fundamento que su autoridad la amenaza. El matrimonio y su hijo no cejan en su empeño de libertad. Atraviesan la puerta blindada. El oscuro que sucede no es una simple manera de acabar la obra. Es la desaparición de los cuerpos, pero que afirma la pervivencia de las palabras libres y de la voluntad de vivir.

Si cerca de vosotros os encontréis con esta obra, no os la perdáis.

RAÚL HERNÁNDEZ GARRIDO

Copia de _DSC1008.JPG

 

 

ACTOS REBELDES

Hace pocos días, el director de escena Declan Donnellan, en la presentación de un libro acerca de su experiencia con textos de William Shakespeare, realizaba la extraña recomendación de no leer o, al menos, leer poco. Él mismo se ponía como ejemplo.

Y es que, comentaba el director británico, la lectura que no se cruzaba con la experiencia corría el riesgo de ser tan insulsa como las obras completas de Whatsapp.

Pero si hay algo en lo que nunca reparamos es en la experiencia de lectura que experimentan los propios libros, inocentes de la extraña costumbre humana de enterrarlos en vida en bibliotecas y sellarlos tras una puerta blindada. Tan ajeno a la cultura es quemar libros como ponerlos fuera de circulación.

La puerta blindada de Ruth Vilar se acerca a un universo donde los servicios sociales se han reducido al máximo dejando a un ratón de biblioteca a solas con sus libros con una extraña y poco definida misión que, de todas formas, oculta a su esposa. La situación social se degrada llegando hasta el punto de que el bibliotecario y su esposa tienen que vivir en la propia biblioteca catalogando los libros y defendiéndolos de las hordas que intentan saquearla.

Es así que La puerta blindada propone un argumento de disturbios sociales sobre un tema de mucho mayor calado cultural, que no es otro que el de la función y productividad de la cultura. Los libros encerrados en bibliotecas, escondidos tras una puerta blindada, son incapaces de generar producción cultural si no son leídos. Del mismo modo que, si nadie se interesa por zambullirse en las lecturas, si no existe interés por experimentar el goce de la lectura, por muchas bibliotecas que un país posea, ese país seguirá sumido en la incultura.

Así pues, en La puerta blindada, los libros tienen únicamente un valor crematístico, utilizado por la autoridad, recordando el oro de Moscú, para conseguir oscuras ventajas represivos. Los libros, que parecen llevar mucho tiempo en sus estantes sin ser leídos, son absolutamente improductivos para una sociedad que se derrumba y que se sume en la degradación social. “¿Cuánto tiempo lleva la gente sin leer a Shakespeare?”, dice la mujer del bibliotecario, pues nadie, ni la autoridad ni los rebeldes, tienen demasiado interés por la lectura. Ni tan siquiera el propio bibliotecario. En un mundo donde no existe la experiencia de la lectura, casi ninguna experiencia es posible. De hecho, la mujer del bibliotecario simula un embarazo para no ser atacada por los rebeldes en las calles, pero también, para denotar que la experiencia del embarazo es también imposible.

El acto rebelde y revolucionario será el de poner al alcance de los lectores los libros y sacarlos de su nicho mortuorio que es la biblioteca. La palabra debe ser, según Ruth Vilar, contrastada por la experiencia de la lectura para conseguir así su verdadera productividad. Como decía Donnellan o, como los ángeles de El cielo sobre Berlín, habitar un mundo de significantes ajeno a la experiencia es vivir en un universo sin sentido.

LUIS MIGUEL GONZÁLEZ CRUZ

La puerta blindada_Salva Artesero.JPG

La puerta cartel A4.jpg

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